Jamás podré entender lo que sucedió entre ustedes. Aún cuando me esfuerzo mucho por hacerlo. Me apena ver como su marchitado corazón recién pudo volver a existir hace unos meses atrás, y como él sin embargo sobrevivió a todo sin mayores desgastes, conmigo como el pilar más grande que ha existido en su vida, para luego correr lejos, lejos de mi. Ironías de la vida, pues recuerdo sus palabras de hace unos años atrás "No tengo amigos. Amparo a los débiles que conozco, pero una vez que ellos son capaces de valerse por si mismos, me dan la espalda." Aplausos.
Es como un círculo vicioso, la historia se repite. Y a pesar de que me habría gustado que no la repitiera conmigo, espero que ya no cometa el mismo error otra vez. Y aunque me contradigo, espero que termine con lo que aún no ha empezado, lo más pronto posible. Así mismo, terminarías con este miserable sentimiento.
El internet es el peor invento de la historia. Aunque no me arrepiento de haberte entregado mi vida, me arrepiento de haberla conocido a ella, y de haberme sentido culpable durante tanto tiempo, por haber enamorado al objeto de su felicidad, habiéndola despojado a ella de toda razón para vivir. La culpa debieron cargarla sus hombros, no los mios.
¿Qué más se puede esperar de alguien tan inmaduro? ¿Tan cobarde? Que no carga ni siquiera con su propia culpa, sino que se la otorga a los demás, como si fuera un premio que lucir. ¿Tan inseguro de si mismo? Si acaso podríamos siquiera esperar que algún día crezca y me busque otra vez, acaso podríamos pensar que algún día se volverá un hombre, que algún día se verá victorioso ante su propio orgullo, y así regresará a los brazos de esa persona que juró amar eternamente. A quien juró curar de sus penas, hasta que la muerte los separe.
Esa soy yo, una pobre mujer condenada a la espera eterna. Pero yo tengo más de un punto a favor; sé amar, sé levantarme con fuerza, sé superarlo todo, para poder surgir otra vez.
En mi vida, ese "hombre diferente" no será una excepción, y aunque puede que jamás me olvide del sonido de sus manos rompiendo contra mi piel, si seré cómplice cuando unas manos nuevas quieran hacerse con el puesto de erudito del cuerpo de la espuma.
Por ahora, me sigo llamando Venus.
No hay comentarios:
Publicar un comentario