Los nervios se alejan. Lo sé porque hoy me pinté las uñas, y casi no me salí de los bordes.
Y si alguien se pregunta por qué aquello es prueba fehaciente de que la incertidumbre se disipa, pues, busque referencias de mis uñas hace tres semanas atrás.
lunes, 28 de octubre de 2013
martes, 8 de octubre de 2013
Acabada
Que peligroso es verte así,
leerte,
observarte...
Y no lo digo por tus ataques de pánico.
No
Me parece peligroso que te pienses estúpido,
por algo que a mi me parece tan lindo...
Pero supongo que no puedo decir nada, porque no merezco nada.
O quizás sí merezco algo, pero poquito
y ciertamente no lo que tú quieres darme, que es mucho.
Y cómo se vive tranquilo así? No queriendo aceptar las cosas buenas que los otros tienen para ti...
Es que ya no me siento digna de nada,
y jamás me había sentido así.
Ahora sabes, Florence, ahora sabes hasta dónde.
Se acabó el mago blanco, ya no soy la chica sabia que solía ser.
leerte,
observarte...
Y no lo digo por tus ataques de pánico.
No
Me parece peligroso que te pienses estúpido,
por algo que a mi me parece tan lindo...
Pero supongo que no puedo decir nada, porque no merezco nada.
O quizás sí merezco algo, pero poquito
y ciertamente no lo que tú quieres darme, que es mucho.
Y cómo se vive tranquilo así? No queriendo aceptar las cosas buenas que los otros tienen para ti...
Es que ya no me siento digna de nada,
y jamás me había sentido así.
Ahora sabes, Florence, ahora sabes hasta dónde.
Se acabó el mago blanco, ya no soy la chica sabia que solía ser.
No hay más
Él me vio temblar de miedo.
Él me vio temblar...
Él me ha visto llorar,
y es mi culpa que ya no quiera consolarme nunca más.
Qué daño es este que nos estamos haciendo,
cuántos sueños vamos a matar?
Y ahora qué hemos fingido y qué ha sido real?
Ay, si yo supiera...
Yo creo que las sonrisas, nada más.
Él me vio temblar...
Él me ha visto llorar,
y es mi culpa que ya no quiera consolarme nunca más.
Qué daño es este que nos estamos haciendo,
cuántos sueños vamos a matar?
Y ahora qué hemos fingido y qué ha sido real?
Ay, si yo supiera...
Yo creo que las sonrisas, nada más.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Difriending you
Una vez que publicas algún comentario despechado, la gente aparece por montones. Me preguntó, ¿cuál es el fenómeno? Si se olvidaron una vez, el que aparezcan cuando sabes que estás enojada, no vale ni una hueá.
jueves, 26 de septiembre de 2013
miércoles, 25 de septiembre de 2013
viernes, 6 de septiembre de 2013
Satélites
No hace falta que desaparezcas más de una hora... Diez minutos son, lamentablemente, suficientes para extrañarte.
"Prométeme que no te vas a enamorar de mí"
Yo sabía lo que iba a pasar, lo estaba esperando. Lo quería. Los días habían pasado desde la primera vez que nos encontramos, entre las luces de una disco y unas cuantas cervezas, y nada era igual, a pesar de mis constantes intentos.
Entonces ahí estaba yo, sola, en una casa que a penas y se hacía mía. Desvestida, tratando de encontrar una polera que se acomodara a la situación. Nerviosa, persiguiéndome la cola. Pensando si acaso lo que iba a hacer era una locura, si luego me arrepentiría, si estaba a punto de poner nuestros mundos de cabeza... Y lo estaba.
Entonces ahí estaba yo, sola, en una casa que a penas y se hacía mía. Desvestida, tratando de encontrar una polera que se acomodara a la situación. Nerviosa, persiguiéndome la cola. Pensando si acaso lo que iba a hacer era una locura, si luego me arrepentiría, si estaba a punto de poner nuestros mundos de cabeza... Y lo estaba.
Cinco minutos, veinte minutos, veinte y cinco, treinta, sesenta, dos días, una semana, no tengo idea de cuánto tiempo pasó. Quizá fue lo que uno se demora en pestañar, o pudo ser una vida entera. Y ahí seguía yo, sentada frente a un ordenador, fingiendo que no iba a pasar nada. Tratando de calmarme.
"Tú querías esto, tú lo llamaste" me repetía una pequeña voz que venía desde mi estómago. Sí, lo quiero, respondía yo, y tiritando como si fuera la primera vez que iba a estar a solas con un muchacho, caminé hasta la puerta, vistiendo un harapiento chaleco blanco, que ocultaba dos poderosos secretos bajo él.
Afuera las calles coqueteaban con una fuerte neblina que intentaba ocultarlas bajo sus brazos, y sin embargo, yo me sentía como si pudiera ver lo que sucedía veinte cuadras más allá: un muchacho, a las siete de la mañana, alistando sus cosas y dejando su casa con sigilo, para perderse en las entrañas de Santiago.
Vigilé que no hubiera nadie en las calles, luego volví a entrar, y en lo que me demoré en gritarme a mi misma otro poco, él ya había llegado. Lo sentí, y al abrir la puerta, lo observé venir caminando como quien dice "No tengo ninguna prisa por llegar", con una mochila al hombro y un chaleco de lana, dos cuadras más allá.
Me quedé en el umbral de la puerta esperando hasta que llegó, lo agarré del cuello del chaleco cuando estuvo los suficientemente cerca y entramos en la casa.
Cerré la gran puerta de madera, azul en ese entonces, y me volví para ver una sonrisa que pretendía disimular el "No sé qué mierda hacer ahora" escrito en todo su cuerpo con letras mayúsculas, y pensé quizá debería decirle que volviera a su casa antes de que fuera demasiado tarde. Pero no lo hice, en cambio, y con toda la jovialidad de la que fui capaz, lo invité a pasar a mi pieza.
De inmediato me senté frente al computador, poniendo las manos en algún lugar firme, para que no pudiera verlas temblar. Él se sentó sobre mi cama, y dejó su mochila en el suelo. Le pregunté qué quería escuchar, y luego puse una canción que hasta el día de hoy me mueve el piso. El tema comenzó a sonar en los desbaratados parlantes que Cristóbal hace tiempo me había prestado, arrancándole un sonido áspero a la guitarra de David Gilmour, pero no por eso menos excitante. Y estaba en eso cuando entre nosotros se cernió un silencio que luego se alojó en mi garganta, y en la suya. Sentí sus labios en mi cuello, él no vaciló un segundo cuando se puso de pie y me indicó que me levantara. ¿Siempre había sido tan alto? Jamás dejé de preguntarme eso, hasta hoy, cada vez que se para frente a mi con esa actitud de eres mi chica.
Me dejé llevar, y sentí en esos momentos como sus manos se quemaban en mi cuerpo, dejando una marca que no me podría sacar nunca, y no me importó.
Y bueno, si después de todo lo que pasó, y de todas las veces que nos encontramos lengua con lengua, aún le pedí que no se enamorara de mi, fue solo porque sabía que lo haríamos. Porque no había otra solución, no había otra puerta. Jamás la hubo. Solo estaba él, solo estaba yo.
El resto había dejado de existir, aunque yo aún no lo supiera.
viernes, 9 de agosto de 2013
Drogas dormidas
No tú, nunca más.
Ya lo sé.
Nunca más.
Láudano
Miro una lista y leo las 27 veces
y me pregunto si fuiste tú.
Es obvio.
Pero ya no. Ya no hay nada, ni nadie. No somo tú y yo, ni tú ni yo.
Ófalo
Deberíamos prendernos, pero nos apagamos.
Y ¿quién quiere prenderse a estas alturas?
Ya nadie.
Ni siquiera tú
Ni siquiera yo
Opio
Ya lo sé.
Nunca más.
Láudano
Miro una lista y leo las 27 veces
y me pregunto si fuiste tú.
Es obvio.
Pero ya no. Ya no hay nada, ni nadie. No somo tú y yo, ni tú ni yo.
Ófalo
Deberíamos prendernos, pero nos apagamos.
Y ¿quién quiere prenderse a estas alturas?
Ya nadie.
Ni siquiera tú
Ni siquiera yo
Opio
Atardecer
El paisaje que todas las tardes se ve desde esta silla parece siempre una pintura romántica digna de un beso de película.
- ¿Besos de película?
Sí, ya sabes. Uno de esos besos bien dados, bien agarrados, bien pegados. Que llegue a parecer falso. A parecer.
- ¿Besos de película?
Sí, ya sabes. Uno de esos besos bien dados, bien agarrados, bien pegados. Que llegue a parecer falso. A parecer.
jueves, 4 de julio de 2013
Filtro
Soy una cobarde porque hasta en mi blog debo tener cuidado con lo que voy a decir.
Chasqueo los dedos y consigo una flor, pero preferiría no chasquearlos en absoluto.
Leer está mal, es una estupidez. Tener un blog es una estupidez. Escribir en él es una estupidez.
...
Escribir es una estupidez.
Hablar es estúpido.
Hasta pensar es estúpido.
Uno piensa solo un poco y altiro le pone color a las cosas.
Y a veces las cosas son super simples,
eso es lo curioso.
Casi siempre tanta explicación y tanto rollo está demás.
Cada vez que me quedo sola en casa siento ruidos extraños y no quiero dormir, porque pienso y me paso el rollo de que los ruidos extraños no son solo ruidos de las cañerías.
Florence, estas hecha toda una nena. Debes dejar de pensar tanto.
Él no piensa cuando escribe. Él solo escribe.
Él no piensa en lo que voy a sentir cuando lea lo que escribe. Él solo escribe.
A veces él igual tiene cero filtro. A veces me porto como una rollenta.
Esa no soy yo... Oh no.
Chasqueo los dedos y consigo una flor, pero preferiría no chasquearlos en absoluto.
Leer está mal, es una estupidez. Tener un blog es una estupidez. Escribir en él es una estupidez.
...
Escribir es una estupidez.
Hablar es estúpido.
Hasta pensar es estúpido.
Uno piensa solo un poco y altiro le pone color a las cosas.
Y a veces las cosas son super simples,
eso es lo curioso.
Casi siempre tanta explicación y tanto rollo está demás.
Cada vez que me quedo sola en casa siento ruidos extraños y no quiero dormir, porque pienso y me paso el rollo de que los ruidos extraños no son solo ruidos de las cañerías.
Florence, estas hecha toda una nena. Debes dejar de pensar tanto.
Él no piensa cuando escribe. Él solo escribe.
Él no piensa en lo que voy a sentir cuando lea lo que escribe. Él solo escribe.
A veces él igual tiene cero filtro. A veces me porto como una rollenta.
Esa no soy yo... Oh no.
jueves, 13 de junio de 2013
Perdida
Lo que es estar completamente privada de la característica más definitoria de quién eres.
Estar atada de manos y pies...
Sentir que tienes todo atorado y no poder dejar que tus dedos trabajen tranquilos... No poder.
Es como si ya no conociera mis manos.
Estar atada de manos y pies...
Sentir que tienes todo atorado y no poder dejar que tus dedos trabajen tranquilos... No poder.
Es como si ya no conociera mis manos.
viernes, 10 de mayo de 2013
jueves, 9 de mayo de 2013
Atrás quedaron los besos bajo la lluvia de invierno
Por Florence
Ringele.
Con nada más que infinitas hectáreas de campo al frente,
encaramados sobre los aromos, con los pies helados por las zapatillas mojadas,
el pelo enmarañado, con la ropa sucia y húmeda, mecidos por el ulular del
viento y expectante al momento en el que fuera a caer la lluvia otra vez. Con
las manos llenas de barro, horneando queques imaginarios, escapando de los
perros que por ese entonces parecían ser gigantes, esperando a que ser llamados
a comer mientras, con tan solo un palito de madera en mano, creaban un mundo
completamente original del cual solo ellos eran parte.
Bajo una cascada al
atardecer, comiendo manzanas con sal, mirando el cielo como si fuera nuestro,
con aire triunfante después de un agitado día de juegos. O simplemente en casa, ya fuera sintiendo las suaves caricias
de una madre, escondidos en el closet pretendiendo que dirigían una sociedad
secreta, jugando con mis tan amadas muñecas Barbies,
o adentrándome en mi patio trasero, donde yo juraba que había un bosque en el
que vivían duendes y toda clase de alimañas.
Así es como recuerdo mi infancia en Chiloé y la de mi
generación. Por allá por los años noventa, cuando con un billete de mil pesos
sentías que podías comprar toda la dulcería, cuando recién se implementaban los
colegios que ahora parecen pertenecer a la elite castreña, cuando el Galvarino,
el liceo de Castro, era el único liceo. Cuando no se soñaba con que en Chiloé
hubiera una escalera mecánica, o un Homecenter del porte de una cuadra
completa, un centro comercial de cinco pisos, un puente que uniera la isla con
el continente o un aeródromo donde despegaran cinco vuelos comerciales por
semana.
Por ese entonces, Castro, la capital de la isla, tenía cerca de 30 mil
habitantes, la plaza era mayoritariamente tierra, y constaba de una pequeña
góndola casi en el medio, lugar donde hoy se encuentra la estatua de una
Pincoya, quien en vez de estar envuelta en redes, está envuelta en lo que
pareciera ser su pelo por alguna extraña razón. La industria del salmón en
Chiloé comenzaba su despegue y el hospital de Castro era un lío. Hoy el
panorama ha cambiado muchísimo. El momento en el que Chiloé dejará de ser un
portal al pasado esta pronto a llegar.
Cerca de las catorce horas del pasado 6 de noviembre, una
especie de monstruo gigante de metal aterrizó sobre tierras chilotas en el
sector de Mocopulli, a quince minutos de la ciudad. Descendieron de aquel unos
cuantos pasajeros, la mayoría autoridades importantes de la isla y la región,
saludando y sonriendo con énfasis a la gente que esperaba en tierra firme la
llegada del monstruo metálico. Don Nélson Águila, alcalde de Castro cuyo primer
periodo de mandato fue en 1996, y reelecto hasta la fecha, empapado por el
temporal y la lluvia que aquel día parecía caer con rabia e indignación, se
dirigía hasta el recinto techado donde le aguardaba una pequeña celebración. La
celebración de la llegada inminente del progreso a Chiloé. La celebración de la
llegada del primer vuelo comercial de LAN desde Santiago hasta Castro.
Seguido de este acontecimiento que produjo
sentimientos encontrados en más de algún chilote, llegó el día en que el
Homecenter Sodimac ubicado en la salida norte de Castro, -construido sobre el
terreno que albergaba hasta hace poco 270 estudiantes de enseñanza media dentro
del Liceo Agropecuario y Acuicola, IER, demolido para dar paso a las nuevas
obras- abrió sus puertas al público, luego de un atraso de más de cuatro meses,
con estacionamientos colapsados y las repisas abarrotadas con materiales y
objetos que antes los castreños solo podían obtener si había dinero suficiente
para armar viaje a Puerto Montt el fin de semana. Así, la gran tienda, que
antes ocupaba un humilde espacio en la esquina de O’higgins con Sargento Aldea,
convirtió su ex sede en una bodeguita y se dispuso para lanzarse al estrellato
el pasado 29 de marzo.
Continuando la lista, en calle Serrano, no muy lejos de
la Iglesia Apóstol Santiago -casi frente a la casa en la que viví diez años de
mi vida y en la que aún viven mis padres-, hace ya más de un año y medio, la
empresa Pasmar se encarga de la construcción de un centro comercial que ha dado
muchísimo que hablar y que hasta el momento tiene entre sus registros 10
órdenes de paralización, seis pisos construidos y cinco mil metros cuadrados
más de lo autorizado. Pocos podemos imaginarnos el jolgorio en el que se
transformará aquella apacible esquina de Serrano que consta solo con dos vías
de un sentido, el día en que se inaugure el mall y aparezca la gente de Ancud,
de Quellón, de las islas, de las montañas, de las poblaciones, de los pequeños poblados
como Dalcahue, Chonchi, Chacao, entre otros, e intenten entrar con sus cientos
de autos por una calle de no más de cuatro metros. Hemos de esperar que las
calles se agranden de alguna forma mágica antes de que Pasmar termine de lidiar
con todas las infracciones cometidas, y logre cambiar la fachada del mall por
algo que vaya más acorde con la arquitectura y el diseño chilote.
Y es que el
nuevo centro comercial pasa completamente desapercibido -excepto por el ruido
de la construcción- para los habitantes de Castro y el resto de la isla.
Completamente desapercibido para quienes viven en las calles aledañas, hasta
que ves aquella foto que alguien, hábilmente, le tomó al gigantesco monstruo
desde la bahía, y es ahí cuando entiendes por qué han puesto tantos problemas
para terminarlo y por qué lleva tantas multas hasta la fecha.
Y como si fuera poco, un cuasi aeropuerto, un homecenter
enorme, un mall catalogado como el segundo más grande del sur de Chile, con
todo no podemos olvidarnos del flamante casino y resort Enjoy con hotel cinco
estrellas, completamente equipado y ya en funcionamiento, ubicado en la salida
sur de Castro, encaramado en todo el borde de un cerro sobre el río Gamboa, con
una vista privilegiada desde sus terrazas, a tan solo tres minutos del centro
de Castro, sobre el cual nadie dijo nada. Nadie alegó, nadie se quejó porque su
casa estaba junto al casino. Nada. El casino pasó sus meses de construcción
casi desentendido de la ciudadanía y la prensa. ¿Cómo lo hizo? Nadie lo sabe,
pero todos entienden que el haberlo construido fuera del centro fue un gran
acierto.
Es cierto, son avances espectaculares que de seguro podrán
mejorar de forma potencial la calidad de vida de las más de 200 mil personas
que residen hoy en Chiloé, sin embargo, uno no se queda ajeno a la pregunta ¿dónde
queda el hospital por el que llevamos años peleando? ¿La universidad de calidad
dentro de la isla que no exija a sus estudiantes el abandonar sus casas a una
edad temprana para poder garantizar una buena educación? Muchos chilotes
opinaron que el mall es un derecho, en el momento en el que hubo cese de las
actividades de construcción, un derecho que no se les podía quitar. Pero ¿por
qué la comunidad Chilota defiende con uña y diente la construcción de un mall
en vez de pedir con uña y diente la construcción de una universidad? ¿En vez de
abogar por la construcción de un buen colegio en Quellón? ¿En vez de pedir más
proyectos de luz y agua para las islas aledañas? ¿Dónde quedaron las
prioridades?
Durante un trabajo en la Oficina de Turismo de Castro,
escuché muchas veces hablar sobre la necesidad de preservar tanto como de
explotar la “magia de Chiloé”, esa mística característica de la zona que hace
que todos los años miles de turistas lleguen en masa a la isla montados en
cruceros de ocho cubiertas con capacidades para 2000 personas. Preservar y
explotar esa mística. Preservar y explotar la magia. ¿Será esta la forma
correcta de preservarla y explotarla? ¿Cuánto de preservación hay aquí y cuánto
de explotación?
Me pregunto, ¿cómo será la infancia de estos niños, ya
obsesionados y acostumbrados a utilizar un computador, o a ver tele todo el
día, habiendo olvidado ya que tienen la oportunidad de salir al patio, aunque
sea con lluvia, a buscar duendes y hadas y demás criaturas extrañas. ¿Cómo será
la infancia de estos niños, alejados de su imaginación, con toda una tierra por
descubrir, pero con un centro comercial a sus pies? ¿Cuántas familias poco
unidas porque no se puede evitar el hecho de que las niñas y los niños se vayan
derecho al mall con sus amigos antes que a sus casas?
Atrás quedaron esos años
de puro olor a campo, del interés por recorrer mil hectáreas de terreno. Atrás
quedaron los días en que los niños de la ciudad en Chiloé se interesaban por ir
a jugar con tierra y pasto por allá donde no se ve un edificio, un departamento
o un mall. Atrás quedó el llegar empapado a casa por la llovizna de invierno.
Hay quienes dicen que la construcción del mal es necesaria para que los
chilotes tengan un lugar para recrearse en invierno, época de lluvias, y frío.
Frío que se te mete por los huesos y pareciera quedarse ahí hasta finales de
octubre. Pero yo digo, atrás quedaron aquellos besos románticos en los que las
gotitas de lluvia acariciaban tu cara y habrá que darle una calurosa bienvenida
a los besos sentados en el patio de comidas del mall.
viernes, 3 de mayo de 2013
sábado, 27 de abril de 2013
domingo, 14 de abril de 2013
Crónica de un día interminable.
*Esta crónica contiene hechos y nombres cambiados para proteger la identidad de las personas involucradas (?) Como en Crónica de un secuestro.*
A penas escuché su voz, supe que algo turbio había sucedido. Él solo dijo que había que conversar, pero esas palabras hicieron tormenta en mi interior y no pude evitar sentir un cosquilleo maligno en el pecho.
El día había comenzado normal. Después de una extraña semana, yo me preparaba para ducharme y cocinar, para luego entregarme al estudio, como había intentado toda la semana sin buenos resultados.
El computador estaba encendido, y había tenido la gran idea de conectar el equipo de música a la CPU mediante un cable AUX. Sonaba We die young cuando escuché de lejos mi tono de celular.
No recuerdo bien cómo fue nuestra conversación, pero si recuerdo que estaba en ropa interior y, mientras él me hablaba, me miré fijamente al espejo, desconcertada. Luego me acerqué a la mesa temblando de pies a cabeza y le dije que yo hablaría con las chicas.
Apagué la música, que retumbaba en el pequeño departamento casi con volumen máximo. Caminé de un lado a otro sin saber qué hacer a continuación, hasta que mis sentidos se avivaron y logré marcar un número que me tiró a Buzón de Voz de forma casi inmediata. Recuerdo haber balbuseado con voz fúnebre y casi sollozando "Por favor, Cho. Contéstame.", pero el favor nunca llegó. Mis dedos se movieron solos en ese momento, como por arte de magia, y llegaron a parar a otro número.
Constanza es una mujer evasiva. Vividora. Salvaje, pero en el buen sentido. Aperrada. El único problema es que suele aperrar más cuando la situación es divertida y no cuando sucede algo malo. Evasiva. Por eso no me sorprendió su respuesta fácil y cómoda,
- A ver, yo estaba buscando mis documentos, y escuché por ahí que había pasado tal cosa.
- ¿Y quién te lo dijo? - pregunté yo, muy alterada.
- No sé, no sé - dijo ella - Tu cachai que yo no suelo poner atención a esas cosas. Solo lo escuché, como un rumor de pasillo.
Rumor de pasillo dijo. Era algo terrible. Algo que estaba a punto de destruirme, pero para ella solo había sido un rumor de pasillo. Y si era solo un rumor de pasillo, ¿por qué era tan terrible?. Hablamos algo más, le pedí que le dijera a la Cho que encendiera su celular, a lo que respondió que era mejor que me conectara a facebook.
Y eso hice.
Conecté mi celular y extendí la señal de wi-fi para el netbook. Como siempre, los minutos que demoró el celular en pillar señal fueron eternos. Eternos. Eternos. Para ese entonces, el temblor de mi cuerpo se había convertido en una especie de Parkinson leve.
Me senté frente a mi netbook blanco -el mismo que me compré en mi viaje al extranjero, hace ya tantos años atrás-, y frenéticamente comencé a ubicar a las personas involucradas en el entuerto.
Rocío estaba conectada. Le pedí que me explicara qué estaba pasando. Yo confiaba en ella, y ella era la única que me podía ayudar, pero solo me respondió "Ayer estábamos haciendo no sé qué con la Cony y nos dijeron que había pasado tal cosa", luego insistió con que no sabía quién lo había dicho, y que solo era un rumor de pasillo, y que él era el único que me podía decir la verdad.
Acto seguido, hablé con él, y lo negó todo. Dijo que no, una y otra vez, me explicó una y otra vez, lo leí una y otra vez... Pero a mi nada me calzaba. Nada era imposible, y nada era posible a la vez. Recuerdo que lloré desconsoladamente. A gritos, porque eso no podía estarme pasando a mi.
Afuera el día estaba soleado, con algunas nubes que cortaban el cielo, pero aún así, el sol entraba por mis ventanales, y trataba de iluminarme y de darme calor. Pero por alguna extraña razón, yo no sentía nada más que el frío invernal de pensar que había pasado tal cosa.
Luego de veinte minutos, que en el momento parecieron ser veinte horas, le hablé a la Cho. Convencida de lo que estaba diciendo, y segura, le escribí un "Filo. Le creo." Ella no respondió nada. Y yo lo llamé a él por teléfono. Me pidió que creyera en él, que las cosas habían sido como él me estaba explicando. Luego me contó todo lo que recordaba, que según él era todo lo que había pasado, y me contó lo que había conversado con las niñas, y dijo algo que no me calzó.
- ... Y me dijo que no podía decirme quién había sido porque debía proteger la identidad de las personas que decían haberme visto.
La Cho me estaba mintiendo. Sí sabía quién había sido y no quería decirme.
- ¿Te dijo eso? ¿En serio? Espera, debo hablarle. Te volveré a llamar.
Y a pesar de que dije eso, no lo volví a llamar...
Luego de otro rato que pareció una eternidad y luego de leer las súplicas desesperadas de Rocío, diciéndome que no contara a nadie que ella me había contado y que no hiciera nada, me tiró el nombre del muchacho que había empezado todo esto. Lo primero que pensé fue "Y ella espera que yo no haga nada. Ella me está pidiendo algo imposible. Tan imposible como lo que este muchacho le pidió a ella, que guardara el secreto y que no me contara nada a mi sobre que había pasado tal cosa".
Avisé a mi muchacho que ya sabía quien había sido. Pero lo siguiente fue difuso, y aún no entiendo bien qué fue lo que hice. Solo relataré lo que recuerdo.
Me vestí sollozando, cada tanto me sentaba porque necesitaba llorar más fuerte. Hasta que conseguí salir del departamento, engujándome las lágrimas y tratando de responder el mensaje de un amigo que me hablaba preocupado por facebook, Michel.
Michel fue mi primerísimo amigo en la Universidad. Un hombre inteligente, simpático, cariñoso, risueño, feliz, íntegro. En esos tiempos él pololeaba, pero yo recuerdo que en nuestras pláticas de noche, una vez me contó que a pesar de que estaba muy enamorado de la muchacha, él sabía que en cierto momento las cosas iban a terminar. Dicho y hecho, para estas fechas ya no están juntos, y aunque aún se quieren, cada uno está haciendo su camino por su lado. Michel fue el primero que trató de apoyar lo que él y yo tuvimos. El primero en tenernos fe. El primero en darse cuenta de que había sentimientos diferentes en el medio. Un buen amigo. Por eso lo llamé. Le conté todo y él me respondió con su voz tranquilizadora, que debía calmarme. Que debía creerle a él, porque por su parte, él no creía correcto creerle algo al muchacho que había comenzado todo esto.
Esas palabras me hicieron sentir mucho mejor, por alguna razón. Yo solo quería que alguien me dijera que no podía creerle nada a ese muchacho semi desconocido de cabello largo y bolso, aunque solo fuera porque era un desconocido. Aunque ese muchacho no tuviera ninguna mala intención cuando dijo lo que dijo.
Recuerdo que tomé un metro. Y recuerdo que me bajé en la plaza. Recuerdo que caminé por ella, buscando algo que no encontré. Recuerdo que sentí que estaba perdida, aunque sabía exactamente donde estaba. Recuerdo que sentí que hacía frío, aunque habían más de 25°. Recuerdo que estaba a punto de desmayarme, y compré un paquete de galletas con un billete de diez mil pesos que conseguí no sé dónde. Recuerdo que me senté en el metro Plaza de Armas, y lloré solita sentada en un rincón.
La gente en Santiago es hostil. No le importa nadie más que ellos mismos. Retan mucho a sus niños en la calle. Y si te acercas a preguntar algo, generalmente primero te miran feo, y luego te contestan de mala gana. Yo soy hospitalaria. Si veo a alguien asustado, lo ayudo. Si veo a alguien con cara de perdido, lo ayudo. Si veo que golpean a alguien en una esquina, me asusto. Pero ese día, yo lloraba sola sentada en el piso sucio del metro, y si ni siquiera un guardia se acercó a preguntarme si estaba bien. Podrían haberme pegado. Podría haberme robado todo. Podrían haberme violado. Y nadie se iba a preguntar porque había una niñita llorando sola y sentada en un metro, en un día tan bonito y caluroso, a las tres de la tarde.
Antes de salir de ahí, llamé a Fernando y a Hernán unas quince veces. Hernán estaba ocupado, y Fer simplemente no contestó el teléfono -más tarde me hablaría por chat, a las nueve de la noche. Cuando ya no había nada más que hacer-. Tampoco eso me sorprendió. A ambos los quería mucho, eran buenos amigos, pero se daba la casualidad de que cuando yo estaba en problemas, siempre ellos permanecían inubicables. Obviamente no a propósito, pero igual.
Me dieron cerca de las cuatro, y decidí que era tiempo de moverme. Porque si yo no me movía, nadie lo haría por mi. Él esperaba al teléfono, tratando de convencerme de que le diera el nombre de quien había comenzado todo, y pidiéndome que creyera en él. No nos habíamos visto hasta ahora, desde la noche anterior... Cuando todo esto había comenzado sin que nosotros siquiera supiéramos. Así que tomé el metro, y una micro, y me dirigí a juntarme con él.
Él es un muchacho moreno, pero a mi me gusta pensar en él como mi propio satélite blanco. Es mi luna. Un muchacho alto, flaco, pero fornido. De pelo oscuro, y ojos café que cuando reflejan el sol te hipnotizan como pocos ojos pueden hacerlo en la vida. Uno de los muchachos más inteligentes que he conocido, si es que no es el más inteligente. Risueño, cariñoso, preocupado, algo olvidadizo. Gran amigo, gran compañero, gran persona.
Mientras andaba mi camino en micro, pensaba en todas esas virtudes. Aunque también pensaba en sus defectos, pero a pesar de ser enojón, él era una persona bastante templada, yo sabía que él no era una persona desleal. Y que el que hubiera pasado tal cosa, era casi imposible. Pero me faltaba algo para comprobarlo.
A penas me bajé de la micro, lo vi sentado en el lugar donde, hacía poco menos de un año atrás, yo me había arrojado a sus brazos para besarlo, el día en que comencé a sentir que aquello era algo por lo que seguir. Curioso, ahora me pregunto si se sentó allí a propósito. Me acerqué a él, arreglándome el pelo desordenado, y mientras me senté ahí, él habló. Y habló. Y habló. Y siguió hablando. Recuerdo lo esencial de todo lo que dijo: se estaba disculpando por el mal rato y por emborracharse la noche anterior, pero sobre todo, afirmaba que no era cierto que había pasado tal cosa. Yo recuerdo que lo miré, tratando de poner atención a lo que me decía, sin mucho éxito. Me limité a asentir con la cabeza, a pronunciar pequeños y débiles "sí" o "ya", mientras me preguntaba a donde íbamos a llegar a parar los dos con nuestra relación después de esto. Me miró a los ojos y me dijo que nada había ocurrido, y con ese acto sincero, sentí el sol sobre mis hombros, por primera vez en el día. Sentí como el calor exquisito se extendía por mi cuerpo, mientras los ojos de mi muchacho se clavaban sobre mi y me gritaban que todo por lo que había sufrido en el día era mentira, y que ahora ya podía estar tranquila otra vez.
La última prueba había llegado, y la ponzoña que se había expandido por mis venas se iba. Nos miramos unos segundos más, y nos abrazamos. Un abrazo sincero. El abrazo que habría querido que me diera la Cho, cuando le hablé la primera vez por facebook. El abrazo que hubiera querido recibir de los traseuntes del metro de Santiago un sábado por la tarde en Plaza de Armas. El abrazo que había esperado todo el día había llegado, y ahora podía desmayarme en sus brazos con la tranquilidad del loto que florece en la adversidad, porque, a pesar de todo, había pasado un año desde nuestro primer beso. Y seguíamos ahí. Amándonos como aquel primer día en el parque de Maipú. Y el mundo se detenía de nuevo, para que solo nosotros pudiéramos atesorar ese momento.
domingo, 10 de marzo de 2013
Pañuelos
Y de pronto, después de todo esto, lo único que se escucha en mi cabeza es ese hermoso tema traído del pasado. Que curioso, ¿no? no era lo que me esperaba para este momento.
sábado, 2 de marzo de 2013
Soledad Acompañada.
Y luego ella pensó "¿cuál es el puto punto de todo esto?".
Big issue. (Stop using that word, you're making me crazy. (altight, alright.))
ISSUE ISSUE ISSUE ISSUE ISSUE ISSUE ISSUE ISSUE !!!
Ok, fine. Whatever.
Big issue. (Stop using that word, you're making me crazy. (altight, alright.))
ISSUE ISSUE ISSUE ISSUE ISSUE ISSUE ISSUE ISSUE !!!
Ok, fine. Whatever.
"Issues"
Sometimes I still think that what I wrote on april of 2012 had a lot of sense... Things should have stayed that way forever. Maybe by now I would be somewhere else, or someone else.
Dunno. Life is full of surprises, and some of them are not quite what we like. I'm a lier, a big one... I think that's one of the things that I learned from him. He was a perfect lier, you could never tell whether he was acting or meaning it, and maybe that way of living just stayed in me. (?) Ok, I don't know, but the thing is that when I think about these "issues" and let my imagination flow... I find out that I've become a fucking chicken because of one boy.
Man, it sucks. I used to be a bit more into risks.
Dunno. Life is full of surprises, and some of them are not quite what we like. I'm a lier, a big one... I think that's one of the things that I learned from him. He was a perfect lier, you could never tell whether he was acting or meaning it, and maybe that way of living just stayed in me. (?) Ok, I don't know, but the thing is that when I think about these "issues" and let my imagination flow... I find out that I've become a fucking chicken because of one boy.
Man, it sucks. I used to be a bit more into risks.
martes, 12 de febrero de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
Medicina
¡Es la cosa más horrible y asquerosa!
Pero yo podría serlo para ti si se diera la oportunidad.
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