miércoles, 29 de junio de 2011

PinoPiñaSauceLlorón.

Frente a mi nuevo hogar, hay un árbol que se mece de forma grácil cada vez que sopla el viento (como todos los árboles...) Es un pino, que tira piñas. Una vez, yo estaba parada bajo el árbol, fumando un cigarrillo, y me tiró una piña sobre la cabeza. Levanté la mirada para observar sus ramas, extrañada. En el momento pensé que así debía haberse sentido Einstein cuando concluyó la teoría de la relatividad... Luego entré a casa, cuando del cigarro sólo quedaba el filtro, y me senté en una silla frente a los ventanales, a observar el pino votando sus piñas. El viento gritaba cada vez que rozaba las paredes de la casa, y a pesar de que nunca he sentido miedo en noches de tormenta, por el contrario, me gusta escuchar el sonido de las lluvias sobre el techo y los truenos, aquel árbol meciendo sus ramas al viento, me provocó una extraña sensación hipnótica que si me asustó. Comenzó a llover. Mi gata, Aurora, trepó por mis piernas y se posó en mi panza a ronronear. Me acerqué al calentador, acariciando a la pobre gata regalona, pero manteniendo mi vista pegada siempre al pino en el jardín de enfrente, como hipnotizada... Somnolienta... Y cuando desperté, la gata era gato, el calentador era una combustión lenta, y el pino no era pino... Era sauce.

Ghost; Musyka

Mi madre y su amiga estaban conversando en el living. Yo las escuchaba de lejos, atenta sin siquiera darme cuenta. De pronto, se escucharon dos notas de una caja musical, que había estado mucho tiempo sobre un mueble, pero que nadie había tocado en años. Mi madre se quedó perpleja al desviar su atención a la cajita musical. Yo reí nerviosa, con un gesto extraño que ella hizo. La situación nos pareció insólita... Sin embargo su amiga se limitó a seguir leyendo una revista y a articular las palabras; "Simplemente alguien nos quiso decir, aquí estoy yo." Luego mi madre le dio cuerda a la cajita, y siguieron conversando.


Musyka.

C'est la vie infinie.

A veces, estando sola sobre el cemento fresco, mientras la música camina, veo la vida pasar como una película en la tv. Recuerdo aquellos años de pequeña tratando de agradar a la gente, siendo minimizada por algunos y sin poder objetar nada. Recuerdo que más adelante entendí lo poco que significaba que una persona no te quisiera, y dejaron de importarme muchas cosas en la vida diaria. Luego fui el sustento, el hogar, el amor y el cariño de mis amigos... Conocí una vez un niño que me prometió tener siempre un espacio entre su piel esperando por mi (sé que sigue siendo así.) Entre bailes y miradas, me perdí en el calor de otros labios llamativos, y a sabiendas de cómo era el mundo hoy en día, casi me dejé enamorar.
Perseguí otros amores impregnados de lujuria e irreverencia, y me encontré nadando entre los océanos de la poesía y el amor idealizado.
Ahora vivo sin saber de nada. A veces pienso en arrepentirme de todo, pero le cierro la puerta en la cara a la nostalgia. Una joven me llora en la intimidad, para que le entregue el premio que gané hace unos años... Y yo trato de ignorarla, preguntándome qué arte podría seguir, para hacer de mi vida algo que realmente valga la pena.


Infinita.

miércoles, 22 de junio de 2011

Yo algún día te mataré. Pero lo haré con amor, pues sé que usted no es culpable de nada.

Inevitable es cuando las cosas no se pueden evitar, no cuando no se quieren evitar.

Me encontré volando sólo y desgraciado, no sé si sería pájaro o sería avión, y me atrevo a preguntar; ¿hay alguien que hoy sepa si es pájaro o avión? ... Tampoco se si querría ser pájaro o avión.
De pronto vi que me acercaba a un huracán, y desperté.

Prefacio.

Fue cierto día de un verano mojado. A veces me quiero engañar sola, y me gusta pensar que en realidad no recuerdo ese día como si lo hubiera grabado en una cinta que pasara una y otra vez por mi cabeza, pero así es. Lo recuerdo a la perfección, como si fueran los diálogos de mi película favorita. Reconozco que cuando lo vi ahí, creí que era imposible. También reconozco que fui una cobarde, pero eso estuvo bien. Aún así, me despedí de él sin hablarle directamente, y le prometí al pavimento que no sería la última vez.
No fui capaz de prever el futuro (aunque nadie lo es) y creo que si hubiese sabido todo lo venidero, lo habría hecho todo de la misma forma. Con eso quiero demostrar que no me arrepiento de nada. (Aunque haber apurado el curso de las cosas no habría estado tan mal, pero el Doc. Brown me diría que no debo alterar el futuro, pues podríamos crear una paradoja que destruyera el mundo como lo conocemos.) Nadie imaginó lo lejos que llegaríamos, ni el final de todo (el final es este, por cierto). Y si alguna vez te encuentras leyendo estas páginas, déjame decirte algo: Mi vida es aburrida sin tus enfermedades crónicas, tu sexo y tus abrazos en la noche fría y tormentosa. Llueve mucho aquí donde estoy.


Tendrá su principio y su fin.
Madelaine.