miércoles, 15 de febrero de 2012

Noches de verano en la casa... de Quilicura.


La luna llena flotaba sobre nosotros en todo su esplendor. Entraba por la ventana, a través de los barrotes, y bañaba nuestras figuras con su perfecta luz azul. Era una escena tan hermosa que casi rayaba en lo cursi. Y entre tata belleza, de pronto comenzamos a ahogarnos en un mar de llanto si fin, cuando pregunté qué seguiría después... Después de que yo me fuera. La mayoría de nuestros encuentros, desde que te conozco, han estado cargados de lágrimas, pero para ese entonces, yo aún no estaba acostumbrada a que las cosas sucedieran así. Mis recuerdos de aquel día se han ido borrando con el paso del tiempo, bueno... Todos mis recuerdos se han ido borrando con el paso del tiempo, pero especialmente los tuyos, han llegado a parar a un baúl  perdido, sin que yo me haya dado cuenta... Ya no sé qué hablamos esa noche, algo sobre el amor que sentías por mi, y lo mucho que te dolía que esto estuviera pasando. Otras cosas sobre tu familia y las tristezas de tu vida. Puedo vernos llorando sobre la cama de Pablo, casi vuelvo a sentir lo mucho que quería que me abrazaras en el momento... Recuerdo que no lo hiciste. Luego nos cambiamos de lugar, y yo terminé llorando en el piso de cerámica roja, y tú sobre la cama... Y de pronto ya no hablábamos, solo lagrimeábamos como si estuviéramos compitiendo por el premio de quién se seca primero. Sentía que me desintegraba en la noche, y trataba de verte en medio de la oscuridad, medio desnudo como estabas; con tu cabello largo, tus ojos enrojecidos, esbelto, y desaliñado. Dios, te amé. Te sentaste a mi lado, quería que me tocarás, así que abracé mis piernas y me escondí entre medio, esperando a que te acercaras a mi... Pero lo siguiente que oí fue una frase con la que hasta hace poco aún soñaba; "Ya no quiero más de esta mierda", y luego un golpe seco. Juro que en el momento ni siquiera podría haberme imaginado lo que sucedería a continuación. Me quedé unos segundos escondida entre mis extremidades, esperando aún por ese abrazo, hasta que me di cuenta de que todo estaba demasiado tranquilo y tú no te movías. Y me levanté, para encontrarte a ti en el piso, inmóvil, callado; inconsciente. Quise pensar que me estabas jugando una broma, para deshacer la tensión del momento, pero eso habría sido tan poco tú, que lo descarté de inmediato y acepté la realidad... Yacías casi muerto en el suelo y yo tenía que tomar un avión en menos de tres días. Me invadió un pánico que jamás he vuelto a sentir, y te llamé en medio de la penumbra, te toqué con mi cuerpo al borde de un colapso nervioso. Las manos me temblaban. Te di la vuelta, y te abracé con todas mis fuerzas, miré al cielo y le imploré a Dios que no te sucediera nada, que te devolviera sano y salvo, que te trajera hasta mi... Como lo había hecho el día que nos conocimos. Al menos tu corazón latía con normalidad, y pude pensar que al golpearte en la cabeza te habías paralizado, sin embargo esto podría ponerse más grave así que bajé a buscar a tus tíos. Juro que solo pensaba en salvarte de alguna forma. Luego recuerdo que estábamos todos en esa pequeña habitación, yo llorando como una idiota y tus tíos tratando de calmarme, cuando por fin te moviste y abriste los ojos, por Dios, lo que sentí en ese momento ni siquiera sé qué fue, solo sé que no sabía si golpearte o abrazarte... Nos pediste un cuaderno, para hablarnos, pues tu lengua estaba completamente dormida... Y al poco rato cuando ya estabas mejor, nos dejaron solos. Esos hermosos ojos tuyos se empañaron de inmediato, y me escribiste que lo sentías, te acaricié el cabello, y te pedí que jamás lo volvieras a hacer... Nos abrazamos. Luego recuperaste tu lengua, y sería demasiado imprudente de mi parte contar lo que sucedió después. Me pareció que estabas demasiado activo como para haber estado paralizado hacían menos de veinte minutos, pero, que bah, nada ha sido jamás un impedimento para nosotros cuando... Cuando. Luego por fin nos vimos envueltos en nuestro amor una vez más, la luna está de testigo... Y ahí fue cuando el momento más esperado, durante tanto tiempo, llegó. Tomaste aire, y sutilmente comenzaste a hablar sobre aquellos que hasta el momento había sido tan terrible de pensar. Y me dijiste que querías estar conmigo, y que querías esperarme... Que esto no se acabaría en ese momento, ni en ese lugar.
Nunca terminaré de comprender, cómo, entre tanto dolor, angustia, tristezas, pudiste hacerme sentir la mujer más feliz del mundo. No solo en aquella ocasión, sino en muchas otras. Cuando todo era caos a nuestro al rededor, y las montañas se derrumbaban poco a poco. Cuando todo apuntaba al desastre, y el frío y los nervios se apoderaban de nosotros... Cuando las cosas estaban muy mal, siempre hiciste algo pequeño, dijiste algo preciso, escribiste algo que para otra persona no tendría sentido, cantaste una canción, tomaste mi mano, o simplemente me robaste un precioso beso, y cambiaste toda la angustia por felicidad. Siempre lo hiciste, y no llegaré a entenderlo hasta que no sepa que no eres el único con esa capacidad.


Tu espuma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario