viernes, 27 de enero de 2012

"No te salves"


No será fácil olvidarse de un día como ese. Un día de llantos interminables y dolorosos; algunos incluían sentimientos guardados desde hace mucho, y otros solo eran producto de los sucesos acontecidos tan solo unos días atrás.
Nunca me voy a olvidar del momento en el que comenzó este poema; este hombre, recitando las palabras de Benedetti, y nosotros escuchando atentamente. Yo sentía como el poder del Kriptonita iba recorriendo a paso rápido mi cuerpo, envenenando mi mente, adormeciendo mis brazos y mis piernas... Y de pronto comencé a poner real atención a las palabras de este joven enamorado de una prostituta... "No te quedes inmóvil al borde del camino... No te salves ahora, ni nunca. No te salves, no te llenes de calma, no reserves del mundo solo un rincón tranquilo, no dejes caer los párpados pesados como juicios..." Y así mismo como la Kriptonita, me invadió una terrible sensación de un dolor punzante, mezclado con miedo y ganas de tirarme por el balcón... Solo que esta vez, nada de eso era producto del vodka, y de la nada, rompí a llorar estruendosamente, como no lo hacía hace muchísimo tiempo, incluso peor que los primeros días, desde aquel gran error que cometiste. Fue un llanto excesivo, que me salió desde lo más profundo de mi dolido y roto corazón.
Nunca lo voy a olvidar.
 

No te quedes inmóvil 
al borde del camino 
no congeles el júbilo 
no quieras con desgana 
no te salves ahora 
ni nunca 
no te salves 
no te llenes de calma 
no reserves del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
no dejes caer los párpados 
pesados como juicios 
no te quedes sin labios 
no te duermas sin sueño 
no te pienses sin sangre 
no te juzgues sin tiempo 

pero si 
pese a todo 
no puedes evitarlo 
y congelas el júbilo 
y quieres con desgana 
y te salvas ahora 
y te llenas de calma 
y reservas del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
y dejas caer los párpados 
pesados como juicios 
y te secas sin labios 
y te duermes sin sueño 
y te piensas sin sangre 
y te juzgas sin tiempo 
y te quedas inmóvil 
al borde del camino 
y te salvas 
entonces 
no te quedes conmigo.
Mario Benedetti.


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