lunes, 7 de mayo de 2012
Para otro Luciano, uno poco más podrido.
Jamás le detestaría, incluso si su preocupación, pequeño niño, fuera tan solo producto de aquel pequeño y patético recurso para escapar.
Mas debo reconocer que ahora, aunque no quiera, me siento increíblemente incómoda con su simple respiración.
Es que frente a tanta convicción es tan difícil sostenerse. En ningún caso me han faltado los argumentos...
Pero fueron tus ojos suficiente, tu mirada ausente, como si desde otra dimensión, intentaras arrastrarme, y yo sin fuerzas para defenderme. Suficiente para inducirme un estado de infinita incertidumbre, histeria comprimida y nostalgia.
Lo inesperado y lo desconocido infunden miedo, y esta vez de lo inesperado saqué espasmos de terror,
porque cuando sucede un evento desafortunado: cuando sabes que la torre de cartas se derrumbará con el más leve soplo del viento,
y sin percibirlo esperas el momento apropiado para ser tú quién la tire antes que alguien más lo haga,
cualquiera logra lo que tú lograste conservando el aliento perfecto. Cualquiera logra quitar la madera solo usando la lengua.
Así... Sigo sin creer en las verdades.
Pues la verdad, como he escuchado de tantos otros labios, ¡ay la verdad!, frágil como ella sola. Tan frágil que busca conocer una verdad más grande..
Y el futuro inmediato siempre es lo único que nos queda.
Florence, a la merced de la lengua de uno de los tantos muchachos atormentados.
¡Que suerte que esta vez no habremos de mezclar nada!
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