jueves, 22 de marzo de 2012

De vuelta al misterio.

Entre todo el ajetreo de esta semana, he encontrado por fin tiempo para escribir sobre algo que no tenga que ver con el periodismo en si, o con perfiles autobiográficos.
Y es que en este angosto mar, al que llamo "habitación nueva", a veces siento como si me ahogara de tanto azul. Reconozco que la cama es cómoda, aunque algo pequeña, es mia y solo mia. Y que si bien, no es mucho, el espacio es perfecto, hasta ahora. Todo está cuidadosamente combinado, cuidadosamente dispuesto, todo en su lugar, todo donde debe estar; esparcido. A veces me levanto en las mañanas, y mi cabeza choca contra las puertas de mis ventanas, alejando de mi mente algún hermoso sueño, y sé que es hermoso, pues despierto con las almohadas entre los brazos.
Por ahora todos somos simples mortales. Gente que camina sin prisa y sin destino. Con una dirección tan variable como el temperamento de una persona... Y en el medio de todos los que caminan, te veo, pero no eres tú. Y me pregunto, ¿cómo yo podría verte? si no sé como luces... ¿Cómo podría saber que contigo estoy hablando? Si jamás he escuchado tu verdadera voz. Y así todo se reduce a un sueño. Un sueño en el que gozas de mil caras, de mil cuerpos, de mil manos, de mil ojos. Sé que aún hay mucho tiempo, faltan muchísimas cosas, apenas y corren el inicio de los días... Pero estamos tan cerca de todos, y tan lejos de cada uno. Y siempre que voy por los corredores con música, mi mente sin querer me lleva hasta los brazos del misterio.

Y el misterio se acaba cuando me siento a tu lado en clases.


Florence.

No hay comentarios:

Publicar un comentario